El flujo de caja es el dinero que realmente entra y sale de tu cuenta bancaria en un periodo. Se divide en tres partes: explotación, inversión y financiación. El flujo de caja difiere del beneficio porque las facturas, las compras de existencias y las devoluciones de préstamos impactan tu cuenta en momentos distintos a los de tu cuenta de resultados.
El flujo de caja de explotación es el dinero de los clientes menos lo pagado a proveedores, personal y hacienda. El flujo de caja de inversión cubre la compra y venta de activos, como una máquina o un vehículo. El flujo de caja de financiación cubre los préstamos recibidos o devueltos y el capital aportado o repartido.
Ejemplo desarrollado. En abril facturas 50.000 euros, pero dos clientes con 18.000 euros en facturas pagan en mayo, así que llegan 32.000 euros. Pagas 28.000 euros en sueldos y facturas de proveedores y 12.000 euros por una máquina usada. El flujo de caja de explotación es de 4.000 euros, el de inversión de menos 12.000 euros, y tu cuenta baja 8.000 euros. Tu cuenta de resultados de abril puede seguir mostrando un resultado sano.
El error que acaba con muchas empresas jóvenes es planificar ingresos y costes por mes suponiendo que el cobro ocurre el día de la factura. Casi nunca es así. Construye el plan con los plazos de pago reales. Si facturas a 30 días y los clientes pagan de media a los 45, el dinero llega seis semanas después de hacer el trabajo, y seis semanas de sueldos hay que financiarlas de algún sitio.
Un segundo error es olvidar el IVA. Lo cobras con la factura y lo ingresas más tarde. Ese dinero está en tu cuenta y no es tuyo. Los fundadores que lo gastan solo notan el agujero cuando vence la liquidación.
Un plan mensual de flujo de caja para los próximos doce meses, que muestre el saldo bancario inicial y final de cada mes, es la tabla más útil de un plan de negocio.
