El gobierno corporativo es el conjunto de reglas, funciones y derechos de decisión que determinan cómo se dirige y controla una empresa. Define quién decide qué, quién revisa esas decisiones y cómo se informan entre sí propietarios, administradores y directivos. Las empresas pequeñas también lo necesitan, en una forma más sencilla.
En la práctica, el gobierno empieza con tres preguntas. ¿Quién es propietario de la empresa, y en qué proporción? ¿Quién puede firmar contratos, y hasta qué importe? ¿Qué decisiones necesitan aprobación antes de ser vinculantes? Escribe las respuestas antes de necesitarlas.
Un ejemplo. Dos fundadores tienen un 50 por ciento cada uno. Acuerdan que toda decisión de gasto por encima de 5.000 necesita ambas firmas, y que todo lo que supere 25.000 requiere un acuerdo escrito de socios. Se reúnen una hora el primer lunes de cada mes y registran cada decisión en un documento compartido. Ese documento de dos páginas es su gobierno corporativo.
La estructura crece con la empresa. Puedes añadir un consejo asesor de tres personas que se reúna cuatro veces al año. Más adelante puedes añadir obligaciones de información, una auditoría o un órgano de supervisión, según tu forma jurídica y tu tamaño. Los inversores y los prestamistas suelen preguntar por el gobierno corporativo durante una ronda de financiación, porque les dice cómo se tomarán las decisiones cuando llegue su dinero.
Aquí es donde los fundadores se equivocan. Tratan el gobierno corporativo como papeleo de grandes corporaciones y se lo saltan. En realidad es una herramienta que evita el bloqueo. Un reparto 50/50 parece justo hasta que los dos propietarios discrepan sobre despedir a un empleado o aceptar una oferta. Sin una regla escrita de desempate, nada se mueve y el desacuerdo sale caro. Acordad las reglas mientras todavía estáis de acuerdo en todo lo demás. Qué requisitos son obligatorios depende de tu país y de tu forma jurídica.
