El beneficio neto es lo que queda después de restar del ingreso todos los costes: coste de ventas, gastos operativos, amortización, intereses e impuestos. Es la última línea de tu cuenta de resultados. Un beneficio neto positivo significa que ganaste dinero sobre el papel en ese periodo, no que tu caja creciera.
El beneficio neto determina tu factura fiscal y, en una empresa con socios, lo que se puede repartir. Se sitúa al final del todo en la cuenta de resultados.
Ejemplo desarrollado. El ingreso es de 900.000 euros. Un coste de ventas de 360.000 euros deja un beneficio bruto de 540.000 euros. Unos gastos operativos de 420.000 euros dejan 120.000 euros. Una amortización de 45.000 euros da un EBIT de 75.000 euros. Unos intereses de 15.000 euros dan un beneficio antes de impuestos de 60.000 euros. Con un tipo impositivo del 25 por ciento pagas 15.000 euros, así que el beneficio neto es de 45.000 euros. Eso es un margen neto del 5 por ciento.
El error que más duele es tratar el beneficio neto como dinero que puedes sacar. No es lo mismo que caja. En el ejemplo anterior, si los clientes todavía te deben 70.000 euros a fin de año y compraste una máquina de 50.000 euros durante el ejercicio, tu saldo bancario en diciembre puede ser menor que en enero, pese a los 45.000 euros de beneficio neto. El beneficio y la caja siguen relojes distintos.
Un segundo error es dejar el sueldo del fundador fuera del plan. Si diriges una empresa y te pagas, ese sueldo es un gasto operativo y reduce el beneficio neto. Si lo dejas fuera para que el plan parezca rentable, un banco volverá a sumarlo, y eso te cuesta credibilidad. Si eres autónomo, tu retribución no es un coste en absoluto; el beneficio es tu ingreso. Di con claridad cuál es tu caso.
El beneficio neto cierra cada año planificado en un plan financiero de Foundor.
