Una cadena de suministro es el recorrido completo que hace un producto desde la materia prima hasta las manos del cliente: proveedores, fabricación, transporte, almacenamiento y entrega, además de las devoluciones que vuelven. Cubre también la información y los pagos que se mueven junto a la mercancía. Los negocios de servicios también tienen una, hecha de herramientas y subcontratas.
Dos cifras describen casi todo: el plazo de entrega y la cantidad mínima de pedido. El plazo de entrega es lo que tarda desde el pedido hasta la llegada. La cantidad mínima de pedido es el lote más pequeño que acepta un proveedor. Una fabricante de velas cuyo proveedor exige 1.000 tarros con 10 semanas de plazo debe decidir con 10 semanas de antelación y pagar 1.000 tarros, aunque venda 120 al mes. A 1,20 euros el tarro, son 1.200 euros inmovilizados durante unos ocho meses de ventas.
Por eso las cadenas de suministro pertenecen a tu plan de tesorería, no solo al apartado de operaciones. El dinero sale pronto y vuelve tarde. Si le pagas a un proveedor 30 días antes del envío y tus clientes pagan 30 días después de la entrega, esa distancia la financias tú.
Los fundadores suelen subestimar tres cosas. Primero, los puntos únicos de fallo. Un proveedor, una fábrica o una ruta significa que un problema lo detiene todo. Un segundo proveedor homologado cuesta tiempo ahora y salva una temporada después. Segundo, el coste real puesto en destino. El precio unitario no es el coste. Suma flete, aranceles, seguro, manipulación y devoluciones, y el total suele quedar entre un 20 y un 40 por ciento por encima del precio ofertado. Tercero, las devoluciones. Planificar el flujo de ida pero no el de vuelta te deja sin proceso cuando el 8 por ciento de los pedidos vuelve dañado.
Escribe cada paso, quién lo hace, cuánto tarda y qué pasa si falla. Esa tabla corta es más útil que un diagrama.
